Línea 12 del metro en CDMX: corrupción e impacto en la salud mental de la ciudadanía

Foto: Sucursal Fauces

Estrés, indignación, tristeza, ansiedad son parte de los impactos negativos que tiene la corrupción  en la salud mental de la ciudadanía

La angustia psicológica que crea la corrupción tiene diferentes rostros que se reflejan en la inseguridad, la pobreza, la desigualdad, la injusticia y que, en gran medida, se deben a la ausencia de rendición de cuentas. Esto genera estrés, tristeza, pérdidas, indignación, ansiedad y desesperación, una fotografía que hemos visto repetirse en incontables ocasiones en América Latina.

Sobre el accidente ocurrido en el metro el pasado 3 de mayo de 2021, la jefa del gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, informó que se contrataría a una empresa especializada en peritaje externo a través de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos; dicha empresa es Det Norkse Veritas (DNV-GL), de origen noruego, a la que se le solicitó que contratara expertos de diferentes países para llevar a cabo la investigación de lo ocurrido en la estación Olivos de la Línea 12 del metro.

Pérdidas y solidaridad: a la espera de otra tragedia

El pasado 6 de mayo, Sucursal Fauces realizó una visita a la estación Olivos y, tan sólo el llegar del centro de la Ciudad de México hacia Tláhuac, tomó poco más de dos horas en transporte público. Si las condiciones eran adversas para la comunidad con algún tipo de discapacidad por falta de transporte público adecuado a sus necesidades, ahora es peor.

Quienes llegan a hacer el transbordo en la estación Ermita hacia lo que era la Línea 12, deben salir del metro en dirección norte y caminar en sentido contrario a los autos varias cuadras, que seguramente en la noche resultan peligrosas para quienes transitan solos por ese paso constituído de una curva hendida que cubre a los peatones, haciéndolos vulnerables a los delincuentes.

Incluso para quienes no requieren de ningún tipo de apoyo visual o motriz, el camino es complejo, pues tras caminar al menos cinco cuadras, queda la opción de meterse a la estación Ermita de lado de la Línea Dorada, casi a la altura de la calle Plutarco Elías Calles o atravesarse a la brava Eje 8. Son varias las escaleras que hay que bajar, de las cuales sólo hay una que es eléctrica y es la penúltima para salir hacia el otro lado de la calle.

Es en ese punto en el que pasan los camiones que van hacia Tláhuac, ésos que cobran cinco pesos y que están al servicio de quienes se quedaron sin metro de su casa hacia sus trabajos o de regreso a ella. Se ven transitar varias filas de personas que caminan apresuradas entre cubrebocas y caretas; un comerciante local aquel día se quejó de los robos hormiga que se empiezan a dar en la zona a partir del aumento de la afluencia. Le sacaron el celular mientras estaba distraído.

Para no abordar el camión que va atiborrado de gente, tomamos un pesero que iba casi vacío, rápido y furioso, haciendo que cada una de sus láminas flojas se estrujara e hiciera ruidos estruendosos. Finalmente, nos dejó en la estación de Atlalilco en la que tomamos el segundo microbús con dirección a Olivos; más adelante, un par de tipos corpulentos y con voces que rayaban en lo tenebroso, pidieron a los pasajeros agradecer por no robarlos y, en su lugar, recibir gel antibacterial a cambio de unas monedas. A nadie intimidaron, la comunidad de Tláhuac no se arruga fácil.

 

El tráfico no fluía como lo haría cuando estaba en funciones el metro, pues la calle es estrecha y los choferes de las micros sortean el camino entre camiones de basura, autos estacionados en doble fila, ciclistas y peatones. Varias estaciones antes de llegar a Olivos, pares de trabajadores de Grupo SIAT realizaban levantamientos topográficos a lo largo de los bajopuentes de cada estación de metro cercana a Olivos.

En relación a ello, los vecinos aún recuerdan el socavón que se abrió también en avenida Tláhuac tras el sismo de 2017 y por el que, en aquel entonces, dejó de haber servicio en las estaciones Tezonco, Olivos, Nopalera, Zapotitlán, Tlaltenco y Tláhuac.

El colapso anunciado

Fernando Espino, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo, señaló en diferentes entrevistas que desde antes de la inauguración de la Línea 12, el sindicato pidió a través de un oficio y, en las diferentes administraciones del gobierno de la CDMX que se hiciera una revisión minuciosa en cada uno de los tramos, pues los trenes eran muy pesados y más anchos que las vías.

También a través del Sindicato se recomendó que el metro de esa Línea fuera subterráneo y recto en su diseño, observaciones que fueron ignoradas, aún cuando provenían de técnicos especializados del Sistema de Transporte Colectivo Metro, STCM.

Espino comentó también que, además de ser ignorados, los técnicos del STCM muchas veces han sido despedidos por sus directivos, especialmente cuando les indican que hace falta mantenimiento  preventivo y correctivo o la rehabilitación y modernización de las viejas líneas. Básicamente, más allá de la contratación de agentes externos, lo que se requería por parte de la autoridad capitalina y de la dirección del metro era comunicarse con sus técnicos, pues ellos son los que “saben lo que le duele al metro”.

Por su parte, la titular de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la CDMX, Myriam Urzúa, señaló que el costo del peritaje externo tendrá un costo aproximado de 20 millones de pesos y que son 16 los expertos de países como Alemania, España, Estados Unidos, México, Brasil, entre otros, los que participarán en la investigación.

Continúa esta serie de entregas mañana con: «Soledad: la sombra de la corrupción«.

Gabriela Estrada Espínola es licenciada en Comunicación por la Universidad Simón Bolívar y Maestra en Periodismo sobre Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE. Ha colaborado en diversos medios y agencias de publicidad. Twitter: @GabaMaiden

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